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Jaimito, el metro y la decisión más larga de la historia

Un simple mandado a la farmacia termina convirtiéndose en un viaje inolvidable para Jaimito, todo por culpa de un bebé que no se decide.

Era una tarde tranquila y Jaimito estaba completamente concentrado viendo su programa favorito en la televisión. Tenía un plato de galletas sobre la mesa y pensaba pasar el resto del día sin moverse del sofá.

De repente, su mamá entró a la sala con cara de pocos amigos.

—¡Jaimito! ¿Todavía sigues aquí? Hace media hora te mandé a la farmacia a comprar el medicamento de tu papá.

Jaimito soltó un suspiro y respondió:

—Pero, mamá… la farmacia queda muy lejos. Tengo que tomar el metro y bajarme en la estación 9.

La mamá lo miró fijamente y le dijo:

—No quiero más excusas. Si no vas ahora mismo, hoy te quedas sin cena… y este domingo tampoco recibirás tu dinero.

Jaimito sabía que su mamá hablaba en serio. Así que apagó el televisor, tomó el dinero y salió corriendo hacia la estación.

Minutos después subió al metro en la estación 2. Como el vagón no iba muy lleno, encontró un asiento y pensó que en pocos minutos estaría de regreso en casa.

En la siguiente parada subió una señora con un bebé en brazos y se sentó justo frente a él.

Al principio, Jaimito no le prestó atención. Miraba por la ventana mientras el tren avanzaba.

Pero de pronto escuchó que la señora hablaba con mucha ternura.

—Vamos, bebé… tómate el biberón.

El bebé simplemente giró la cabeza y no quiso tomarlo.

La señora sonrió con paciencia y volvió a intentarlo.

—Ándale, mi amor… si no quieres, se lo voy a dar a ese niño de camisa roja.

Jaimito levantó la vista sorprendido.

Miró hacia los lados buscando al famoso niño de camisa roja.

Después se dio cuenta de que el único que llevaba una camiseta roja era él.

Pensó que la señora estaba bromeando y volvió a mirar por la ventana.

Pasó una estación.

Luego otra.

Y otra más.

Cada pocos segundos la señora repetía exactamente la misma frase.

—Vamos, bebé… tómate el biberón.

El bebé seguía negándose.

—Si no quieres, se lo voy a dar al niño de camisa roja.

Los pasajeros sonreían al escuchar la escena, pero Jaimito empezaba a ponerse nervioso.

Miró el mapa del metro.

Ya habían pasado varias estaciones.

Quiso levantarse para bajarse, pero justo en ese momento la señora volvió a insistir.

—Última oportunidad, pequeñín… si no tomas el biberón, se lo voy a dar al niño de camisa roja.

Jaimito volvió a sentarse, completamente confundido.

El viaje continuó.

Estación 10.

Estación 11.

Estación 12.

Estación 13.

Estación 14.

Estación 15.

La señora seguía intentando convencer al bebé con toda la paciencia del mundo, mientras Jaimito miraba desesperado el mapa del metro y el número de estaciones que seguían pasando.

Cuando por fin el tren llegó a la estación 18, Jaimito ya no pudo soportarlo más.

Se levantó de un salto y, con cara de desesperación, le dijo a la señora:

—¡Oiga, señora! ¿Va a decidir el bebé de una vez si quiere o no?

Todos los pasajeros voltearon a mirarlo.

Entonces Jaimito, casi al borde del llanto, remató:

—¡Yo tenía que bajarme en la estación 9, ya perdí el dinero del domingo… y ahora mi mamá también me va a dejar sin cenar!

🤣🤣🤣

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