En una finca de Boyacá, dos vacas pastaban tranquilas al lado de la cerca, mientras el radio del campesino sonaba a todo volumen desde la casa.
De repente, el locutor dio una noticia: en otros países había aparecido una enfermedad que estaba volviendo locas a las vacas.
La primera vaca levantó la cabeza, dejó de masticar y le dijo a la otra, muy asustada:
—Comadre, ¿oyó eso? ¡Dicen que hay una enfermedad que vuelve locas a las vacas!
La segunda siguió comiendo pasto, tranquilísima.
—¿Y a usted no le da miedo? —insistió la primera—. Mire que la cosa es seria.
—A mí no, comadre, ni un poquito.
—¿Y eso por qué?
—¡Porque yo soy un helicóptero!

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