Don Aurelio y doña Carmen llevaban cincuenta años de casados y ya les fallaba un poquito la memoria.
Una noche, viendo la novela, doña Carmen le dijo:
—Mijo, ¿me trae un helado de vainilla con fresas encima? Y anótelo, que a usted todo se le olvida.
—¡Qué voy a anotar! Helado de vainilla con fresas. Me acuerdo perfectamente.
—Y con un poquito de crema de leche. Anótelo, Aurelio.
—Vainilla, fresas y crema. ¡Ni que fuera una lista de mercado!
Don Aurelio se fue para la cocina y se demoró casi media hora. Al fin volvió con un plato y se lo entregó muy orgulloso: dos huevos fritos con tocineta.
Doña Carmen miró el plato, lo miró a él y le dijo:
—¿Ve? Yo le dije que lo anotara… ¡Se le olvidó el pan!

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