Hernán se compró un carro y, como su suegra iba con ellos a todos los paseos, decidió darle una sorpresa a la familia.
Le pidió a su sobrino, que sabe de tecnología, que le grabara la voz de doña Gertrudis en el GPS. El sobrino le puso frases como «gire a la derecha», «disminuya la velocidad» y «recalculando ruta».
El domingo salieron a Melgar. A mitad de camino, la esposa de Hernán escuchó la voz de su mamá saliendo del tablero y se quedó con la boca abierta:
—¡Hernán! ¿Tú le pusiste la voz de mi mamá al GPS?
—Sí, mi amor. Pensé que a ella le iba a dar alegría.
—¡Qué detalle tan bonito! No sabía que la querías tanto.
—Es que, la verdad, es lo mismo de siempre: me dice por dónde voltear, que voy muy rápido, que me equivoqué de calle…
—¿Y entonces cuál es la diferencia?
—¡Que a este sí lo puedo apagar!

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