Era una mañana cualquiera en la escuela, pero el ambiente estaba más tenso de lo normal. La profesora llegó al salón con cara seria y un montón de cuadernos en la mano.
— Bueno, niños —dijo ajustándose las gafas—, hoy voy a revisar la tarea que les dejé ayer. Espero que todos hayan cumplido.

En el salón comenzaron los nervios. Algunos revisaban rápido el cuaderno, otros rezaban en silencio y uno que otro buscaba copiar de último momento.
Mientras tanto, Pepito estaba sentado muy tranquilo, como si nada pasara. Ni cuaderno abierto, ni preocupación en la cara.
La profesora empezó a pasar por los pupitres.
— Muy bien, Juanito… excelente.
— María, qué bonita presentación.
— Carlitos… te faltó una parte, pero al menos la hiciste.
Cuando llegó donde Pepito, frunció el ceño.
— Pepito… ¿y tu tarea?
Pepito, con toda la calma del mundo, levantó la mano y preguntó:
— Maestra, ¿me pueden castigar por algo que no he hecho?
La profesora, sorprendida por la pregunta, respondió:
— Pues claro que no, Pepito. Eso sería muy injusto.
Pepito sonrió satisfecho, respiró profundo y dijo:
— Ah, bueno, señorita… entonces no hay problema…
La profesora lo miró confundida.
— ¿Cómo así?
Pepito respondió muy serio:
— Es que no hice la tarea. 😅😂
Moraleja humorística: Pepito no hacía tareas… pero para sacar excusas sí era un verdadero genio. 😆





