Era día de examen sorpresa y el salón estaba más callado que nunca. El profesor caminaba de un lado a otro mirando a todos con cara de detective. Mientras unos pensaban, otros sudaban frío tratando de recordar aunque fuera una respuesta.

En la última fila estaba Pepito, muy concentrado… o al menos eso parecía. Miraba su hoja, luego al compañero de al lado, luego otra vez su hoja. Una estrategia “muy discreta”, según él.
Al terminar el examen, el profesor comenzó a revisar las respuestas y de repente frunció el ceño.
— Pepito… ven un momentico. 🤨
Pepito se acercó nervioso.
— Dime, profesor.
— ¿Copiaste del examen de tu compañero, verdad?
Pepito, haciéndose el sorprendido, respondió:
— ¿Cómo lo supo, profesor?
El maestro levantó las hojas y dijo:
— Muy sencillo. Las tres primeras respuestas son exactamente iguales.
Pepito tragó saliva.
— Bueno… es que estudiamos juntos —dijo intentando salvarse.
El profesor siguió:
— Ah, sí… ¿y cómo me explicas que en la cuarta pregunta él respondió: “No lo sé”?
Pepito bajó la mirada.
— 😳
El profesor remató:
— ¡Y tú escribiste: “Yo tampoco”! 😂
Moraleja humorística: Si vas a copiar en un examen… por lo menos no copies hasta las dudas. 😆





